Robado de bebé en Chile, hoy recupera a su madre 35 años después

mayo 28, 2026

Kyle Adler creció en Estados Unidos con una historia que parecía completa: una familia adoptiva, una infancia en Chicago y un nombre que lo acompañó durante casi toda su vida. Pero una búsqueda personal terminó por revelar una verdad que cambió todo: había sido robado de su madre biológica en Chile cuando apenas era un bebé.

Adler, de 36 años, nació como Marcos Antonio Navarrete. Su madre, Ana María Navarrete, tenía 19 años, era madre soltera y trabajaba de noche en una pescadería en Coronel, ciudad costera ubicada al sur de Chile. Según su testimonio, debido a sus condiciones económicas dejó a su hijo bajo el cuidado de una mujer mientras trabajaba. Un día, al regresar, recibió una noticia que marcaría su vida: una pareja estadounidense se había llevado al niño, presuntamente tras gestiones realizadas por un sacerdote local.

Décadas después, Kyle supo que su adopción no había sido un acto aislado, sino parte de una red de adopciones irregulares ocurridas durante la dictadura de Augusto Pinochet, entre 1973 y 1990. De acuerdo con estimaciones del gobierno chileno y organizaciones civiles, miles de niñas y niños fueron separados de sus familias, muchas veces bajo engaños, presiones o documentos falsificados.

La revelación lo llevó a una crisis de identidad. Aunque siempre supo que era adoptado, descubrir que había sido arrebatado de su madre abrió preguntas difíciles: quién era, de dónde venía y qué parte de su historia le había sido negada. En 2017 encontró en internet a Nos Buscamos, una organización chilena que apoya a personas adoptadas en la búsqueda de sus familias de origen. Con ayuda de la agrupación y una prueba de ADN, se confirmó el vínculo con Ana María.

El reencuentro ocurrió este año en Chile. Madre e hijo se abrazaron por primera vez en más de tres décadas, en una escena cargada de emoción, alivio y dolor acumulado. Durante una semana visitaron Coronel, la playa, el hospital donde nació Kyle y la casa de donde fue llevado. También recuperaron documentos de su nacimiento y compartieron recuerdos que hasta entonces habían vivido por separado.

Para Ana María, el encuentro no borra los años perdidos ni la falta de justicia, pero sí le devolvió una parte de su vida. Para Kyle, significó recuperar un origen, una familia y una identidad que durante años estuvo fragmentada.

El caso vuelve a poner sobre la mesa una herida abierta en Chile: la de miles de familias que aún buscan a hijos, hermanos y madres separados por adopciones ilegales. La tecnología, las pruebas de ADN y el trabajo de organizaciones civiles han abierto una ruta para los reencuentros, pero muchas víctimas siguen esperando verdad, reparación y justicia.

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