Coyote vs. Acme: Después de décadas de explosiones, trampas y fracasos, el Coyote finalmente decidió demandar a quien siempre lo hizo perder

septiembre 23, 2026

Durante décadas, Wile E. Coyote ha tenido una sola misión: atrapar al Correcaminos. Cohetes, trampas, explosivos, yunques y prácticamente cualquier invento salido del catálogo de ACME han terminado de la misma manera: con el Coyote estampado contra una montaña, cayendo por un precipicio o convertido en víctima de su propia inteligencia. Pero ¿qué pasaría si, después de tantos años, el Coyote dejara de perseguir al Correcaminos y decidiera perseguir a quien le vende las trampas?

Esa es la genial premisa de Coyote vs. Acme, una película que convierte uno de los chistes más antiguos de los Looney Tunes en una comedia legal con acción real y animación. Y contra todo pronóstico, la idea funciona bastante mejor de lo que uno podría imaginar.

La historia comienza cuando Wile E. Coyote, harto de que los productos ACME siempre terminen destruyéndolo, decide demandar a la compañía. Para hacerlo recurre a Kevin Avery, un abogado venido a menos interpretado por Will Forte, quien inicialmente considera el caso otra causa absurda. Sin embargo, poco a poco descubre que detrás de los accidentes del Coyote podría existir algo mucho más grande.

La investigación lleva a Kevin y Wile E. hasta una conspiración relacionada con Project Sisyphus, un programa secreto de ACME que utilizaba a los personajes animados como sujetos de prueba. Lo que durante décadas parecía simplemente mala suerte comienza a adquirir otra lectura: quizá el Coyote nunca fue simplemente un personaje destinado a fracasar.

Y aquí es donde la película consigue algo bastante inteligente. Toma una dinámica que conocemos perfectamente y la transforma sin destruirla. Wile E. sigue siendo el mismo Coyote obsesionado con atrapar al Correcaminos, pero ahora entendemos que detrás de cada explosión y cada caída existe una historia de frustración mucho más grande.

El juicio se convierte entonces en una especie de David contra Goliat, con un personaje animado intentando enfrentarse a una corporación que tiene abogados, dinero y suficiente poder para hacer desaparecer cualquier problema. John Cena, como Buddy Crane, funciona especialmente bien como contraparte del abogado de Wile E., mientras que los cameos de personajes como Bugs Bunny, el Pato Lucas, Tweety y el Demonio de Tasmania ayudan a que la película no se sienta como un simple vehículo nostálgico.

Pero el verdadero golpe emocional llega con el Correcaminos.

Durante la audiencia, finalmente aparece para declarar y ocurre algo que probablemente ningún fan esperaba: deja claro que considera al Coyote su amigo. Después de décadas de persecuciones, trampas y accidentes, la película revela que aquella rivalidad podía significar algo completamente distinto para ambos.

Wile E., por supuesto, había preparado una última trampa para atraparlo. Sin embargo, después de escuchar el testimonio del Correcaminos, decide no activarla.

Es probablemente el momento más bonito de toda la película porque, por primera vez, el Coyote entiende que quizá nunca necesitó atrapar al Correcaminos para que su relación tuviera sentido.

Eso no significa que ACME salga impune. Aunque el proceso legal no termina exactamente con la victoria que Wile E. esperaba, la información sobre Project Sisyphus provoca que otros personajes animados también comiencen a levantar la voz. La película transforma una demanda individual en una rebelión colectiva contra la compañía.

Y entonces llega el inevitable remate Looney Tunes: Wile E. utiliza una de sus propias elaboradas trampas, pero esta vez contra los ejecutivos de ACME. Buddy Crane y Foghorn Leghorn terminan atrapados por el mismo tipo de mecanismo absurdo que durante años convirtió al Coyote en víctima de sus productos.

La ironía es perfecta.

Y quizá lo más curioso de Coyote vs. Acme es que la historia de la película terminó pareciéndose demasiado a la de su protagonista. Warner Bros. había decidido archivarla después de terminarla, buscando obtener un beneficio fiscal, pese a que las proyecciones de prueba habían generado una respuesta positiva. Tres años después, el proyecto fue rescatado y finalmente llegó a las salas.

Es imposible no pensar que Wile E. Coyote estaría orgulloso.

Porque Coyote vs. Acme no es una obra perfecta y por momentos su estructura de comedia familiar se siente demasiado convencional. Pero tiene algo que muchas películas basadas en personajes clásicos han perdido: cariño por el material original. Dave Green entiende que no necesita hacer hablar al Coyote ni convertirlo en un superhéroe moderno. Basta con respetar su esencia y darle una historia que pueda sostener una película completa.

Y lo consigue.

Al final, Wile E. no consigue atrapar al Correcaminos. Tampoco obtiene exactamente la victoria judicial que buscaba. Pero consigue algo mucho más importante: demostrar que incluso el personaje destinado eternamente a perder puede levantarse, sacudirse el polvo y volver a intentarlo.

Y, claro, cuando termina la película, el Coyote sigue persiguiendo al Correcaminos.

Porque algunas cosas simplemente no necesitan cambiar.

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