SAGA MILLENNIUM
SEGUNDA ENTREGA
«No existen inocentes. Sin embargo, sí existen diferentes grados de responsabilidad».
Pensé que el autor no podría volver a atraparme como lo hizo en la primera entrega, pero me equivoqué. La historia lo logra de nuevo.
Esta vez, el foco está puesto sobre el fascinante personaje de Lisbeth Salander. Larsson permite al lector adentrarse en su mundo y navegar por una mente tan brillante como indescifrable.
La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina cumple perfectamente su papel como novela de suspense y es, a su vez, un intenso relato de emancipación y denuncia.
La historia interpela al lector sobre la responsabilidad y la complicidad de las instituciones ante distintas formas de violencia estructural, mientras construye un retrato cada vez más complejo e inolvidable de Lisbeth Salander.
Lisbeth se ha dedicado a viajar por el mundo gracias a la fortuna que consiguió arrebatarle a Wennerström. Mikael Blomkvist, por su parte, no tiene idea de lo que ha sucedido con ella y pasa buena parte de ese tiempo intentando encontrarla, sin lograr ningún avance.
En su narrativa, al igual que en el primer libro, Larsson provoca por momentos la sensación de estar escuchando la voz en off de un documental. Y funciona muy bien. La realidad se presenta de la forma más cruda posible y el tema central no es nada agradable; por el contrario, es sucio, oscuro y retorcido.
La obra trasciende los límites del género policial clásico al plantear que el verdadero monstruo no siempre se encuentra en la periferia criminal, sino que también puede esconderse dentro de las propias instituciones encargadas de proteger a la sociedad.
