CAMBRIDGE, MASSACHUSETTS (22 de julio, 2026) — La investigación académica de alto nivel sobre la búsqueda de inteligencia no humana ha dado un giro metodológico drástico. El Proyecto Galileo, con sede en el Centro de Astrofísica Harvard & Smithsonian, lidera un esfuerzo científico orientado a analizar el espacio aéreo mediante el uso de inteligencia artificial y aprendizaje automático. Esta iniciativa, que busca dotar de rigurosidad científica a un campo históricamente estigmatizado, ha comenzado a captar la atención directa de agencias de defensa como el Pentágono.

La transición de la física fundamental a la detección de UAP
La doctora en física por la Universidad de Stanford, Laura Dominé, inició su trayectoria profesional estudiando los neutrinos, partículas subatómicas de masa diminuta que atraviesan la materia y cuya detección requiere infraestructuras subterráneas equipadas con tanques de agua pesada y sensores de luz. Tras desarrollar algoritmos para identificar las interacciones de la fuerza débil en estas partículas, Dominé optó por no incorporarse a programas de astrofísica convencional ni a la industria de finanzas algorítmicas, aceptando en su lugar una beca posdoctoral en Cambridge para integrarse al Proyecto Galileo.
La infraestructura tecnológica del observatorio y la metodología empleada por el equipo de investigación integran los siguientes elementos clave:
Equipamiento del observatorio: Instalado en una plataforma de asfalto en un área boscosa cercana a Boston, el sistema dispone de sensores acústicos, analizadores de espectro de radiofrecuencia, contadores de partículas cargadas, estaciones meteorológicas con magnetómetro y una cúpula con ocho cámaras infrarrojas enfocadas al monitoreo continuo del cielo.
Procesamiento de datos en tiempo real: Para analizar el volumen de información captado durante las 24 horas del día, el equipo emplea programas de visión computarizada de código abierto.
Metodología de entrenamiento invertido: Ante la falta de una definición previa o imágenes concretas de lo que constituye un Fenómeno Anómalo No Identificado (UAP), los investigadores entrenan a los modelos de IA para que reconozcan todos los objetos convencionales (aves, aviones, drones y globos). El software identifica anomalías por descarte, reconociendo aquello que no encaja en los patrones aéreos conocidos.
Creación de bases de datos sintéticas: Richard Cloete, coinvestigador del proyecto y especialista en ciencias de la computación por la Universidad de Westminster, lidera la elaboración de un “censo del cielo”. Este catálogo combina imágenes reales con cientos de miles de representaciones sintéticas generadas en el programa Blender para modelar el comportamiento de objetos aéreos comunes.

Origen institucional y legitimación de la ufología académica
El Proyecto Galileo fue fundado en 2021 por el astrofísico Avi Loeb, exdirector del Departamento de Astronomía de la Universidad de Harvard. Loeb adquirió notoriedad internacional en 2018 tras plantear la hipótesis de que el objeto interestelar ‘Oumuamua podría corresponder a una sonda de origen artificial, idea que volcó en su libro Extraterrestrial: The First Sign of Intelligent Life Beyond Earth y que le permitió obtener financiamiento privado para constituir el observatorio.
El cambio en la percepción pública sobre los OVNIs se intensificó tras la publicación de reportajes periodísticos en diciembre de 2017 que revelaron la existencia de programas secretos de investigación en el Departamento de Defensa de EE. UU. Dicha apertura derivó en mandatos del Congreso para la emisión de informes anuales y la creación de la Oficina para la Resolución de Anomalías en Todos los Dominios (AARO) en el Pentágono.

Cooperación y hallazgos de la oficina AARO del Pentágono
El actual director de AARO, Jon Kosloski —matemático e ingeniero proveniente de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA)—, ha señalado que la oficina evalúa de manera constante los avances del Proyecto Galileo. Aunque AARO ha procesado más de mil 800 reportes de avistamientos militares, la mayoría ha sido resuelta con explicaciones meteorológicas o de tráfico aéreo convencional.
Sin embargo, los registros de la agencia gubernamental arrojan los siguientes datos sobre casos no explicados:
Casos anómalos persistentes: AARO mantiene un registro de entre 50 y 60 casos calificados como “anomalías verdaderas”, los cuales presentan comportamientos que desconciertan a los equipos de ingeniería y física del gobierno.
Desarrollo de software gubernamental: Al igual que el equipo de Harvard, el Pentágono desarrolla sus propios modelos de aprendizaje automático para la interceptación y clasificación de señales en el espacio aéreo.
Interés en seguridad nacional: Más allá de las hipótesis sobre vida extraterrestre, la prioridad inmediata del Departamento de Defensa radica en descartar que las anomalías correspondan a avances tecnológicos desplegados por potencias rivales.

Red de observatorios y contexto para la investigación
A pesar de que el Proyecto Galileo proyecta la instalación de nuevos observatorios en los estados de Indiana, Nevada y Pensilvania, el panorama para la comunidad científica en Estados Unidos enfrenta reestructuraciones. Laura Dominé prevé continuar sus investigaciones fuera del territorio estadounidense debido a las reducciones en el financiamiento federal para proyectos de investigación científica implementadas por la administración del presidente Donald Trump. Mientras tanto, iniciativas académicas similares han comenzado a consolidarse en instituciones como el Wellesley College, la Universidad de Würzburg en Alemania y el Instituto Nórdico de Física Teórica.