Voluntarios reconfortan con comida mientras crece la preocupación por brote de ébola

junio 2, 2026

En medio de un brote de ébola que avanza en el este de Congo, donde no existe una medicina ni vacuna aprobada para la variante detectada, un grupo de voluntarios sostiene una parte esencial de la emergencia: alimentar a pacientes y personal médico.

En Bunia, epicentro del brote, Arlette Basekawike prepara desde temprano gachas, omelets, pan, pescado fresco, fufu, frutas y guisos para quienes permanecen en el Centro Médico Evangélico. Su labor forma parte del apoyo del Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas, en una zona golpeada por el conflicto armado, el desplazamiento y una crisis alimentaria previa.

“Estoy aquí para ellos como una madre, preparando comida para que se sientan cómodos”, dijo Basekawike a The Associated Press mientras cocinaba verduras, papas y carne de cabra en una olla grande.

Aunque podría parecer una tarea cotidiana, la alimentación se ha convertido en un apoyo crítico para pacientes y trabajadores sanitarios que enfrentan el virus Bundibugyo, una especie rara de ébola confirmada en mayo. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, hasta el martes se habían registrado 321 casos confirmados y 48 muertes en las provincias orientales de Ituri, Kivu del Norte y Kivu del Sur.

La situación también alcanzó a Uganda, país vecino que reportó 15 casos y una muerte. Pese a la recomendación de la OMS de evitar cierres fronterizos, Uganda cerró su frontera con Congo la semana pasada. La Organización Internacional para las Migraciones pidió fortalecer la coordinación entre países, al advertir que cerrar pasos oficiales puede empujar a las personas a usar rutas informales sin controles sanitarios.

“Los virus no se detienen en las fronteras, y nuestra respuesta tampoco debería hacerlo”, señaló Ugochi Daniels, subdirectora general de operaciones de la OIM.

En Congo, la emergencia sanitaria se suma a una crisis prolongada. Millones de personas han sido desplazadas por los combates entre fuerzas gubernamentales y grupos rebeldes. Ese contexto complica la entrega de ayuda, la vigilancia epidemiológica y la confianza de la población hacia los equipos de salud.

Además, los recortes de apoyo de Estados Unidos y otros socios han afectado las operaciones humanitarias. El Programa Mundial de Alimentos advirtió que, sin más recursos, podría verse obligado a priorizar algunos casos sospechosos y dejar a otros sin asistencia alimentaria.

Desde que inició este apoyo el jueves, se han servido más de 400 comidas. Para los equipos de respuesta, la comida no solo nutre: también da fuerza, acompaña y ayuda a sostener la atención médica en una emergencia marcada por el miedo.

Hasta ahora, al menos cinco personas se han recuperado del brote, una señal limitada de esperanza mientras los casos continúan aumentando

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