Obras mal planeadas, cauces invadidos y omisiones históricas detrás de las inundaciones en el 5 de Mayo

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Irina Díaz

La capital poblana está bajo el agua, y es que este mes de julio el bulevar 5 de Mayo se convirtió en un río con más de 50 centímetros de altura que arrastró vehículos y paralizó vialidades, mientras el Servicio Meteorológico Nacional mantiene alerta por lluvias para las próximas 72 horas debido a que la ciudad ya acumula más de 250 milímetros de precipitación.

Pero la lluvia no es la única culpable, pues una cadena de decisiones técnicas, políticas y económicas ha convertido cada tormenta en una tragedia anunciada, y esto es lo que ha derivado en las inundaciones que hoy ahogan a Puebla.

El drenaje más antiguo de la capital, al límite

El Centro Histórico opera con el drenaje más antiguo de la ciudad, donde hay tramos de bóveda de finales del siglo XIX y principios del XX, y como el 5 de Mayo es el punto más bajo de la zona, toda el agua de la parte norte termina ahí. El sistema ya estaba rebasado antes de cualquier obra reciente, pues recibe el caudal de calles completas sin capacidad para desfogarlo, y Francisco Castillo Montemayor, exdirector del SOAPAP de 1994 a 2004, lo explica así en entrevista con Ventana Pública: “Se hizo una obra parcial sin revisar todo el sistema, le metieron más agua a una tubería que ya no alcanza”.

Entre esas intervenciones está la rehabilitación integral de la zona norte del Centro Histórico en 2023, que incluyó pavimentación y sustitución de drenaje en las calles 10, 12, 14 y 16 Oriente-Poniente, entre 11 Norte y 5 de Mayo, con una inversión de 200 millones de pesos. Para Castillo Montemayor, ese drenaje ampliado aportó más volumen a un colector viejo que ya no daba abasto, agravando un problema estructural que viene de décadas.

El entubamiento del Río San Francisco, llevada acabo entre 1964 y 1965, “propició un cambio radical que daño de manera irreparable uno de los sectores más antiguos de la ciudad sin poder evitar las periódicas inundaciones” -José Antonio Terran Bonilla, El Desarrollo de la Fisionomía Urbana del Centro Histórico

Ante el colapso, el alcalde José Chedraui Budib reconoció que el Ayuntamiento ya prepara un estudio técnico para renovar el drenaje del 5 de Mayo a la altura del Paseo de San Francisco, aunque advirtió que la infraestructura de ese tramo tiene décadas y requerirá una reestructura importante.

Qué hacer: diagnóstico con tecnología, no solo limpieza

Para el extitular del SOAPAP, el problema no se resuelve solo con limpiar rejillas, por lo que recomendó tres acciones urgentes: meter un robot con cámaras para revisar la bóveda antigua y detectar colapsos, azolve o daños, recorrido que se puede hacer en un día con dos o tres brigadas; revisar cómo opera el Puente Negro y ver si el vaso regulador requiere ampliación, y recuperar los canales de desvío de La Malinche desalojando invasiones y restituyendo su función hacia el Atoyac y Alseseca.

-Canales de La Malinche: Hace décadas se construyeron canales para desviar las corrientes que bajan de La Malinche hacia los ríos Atoyac y Alseseca con el objetivo de evitar que el agua llegara al primer cuadro.

Hoy, esos canales “están invadidos y no funcionan”, pues la urbanización irregular y la falta de mantenimiento provocaron que el agua termine entrando al sistema de drenaje del Centro Histórico y saturando la bóveda vieja, “la que construyó Bartlett”.

El acuífero del Alto Atoyac constituye la principal fuente de abastecimiento para la zona metropolitana de la ciudad -y prácticamente es la que abastece a la totalidad de la planta industrial-, y tiene tres zonas que lo recargan: La Malinche, la parte norte de la cuenca del Alto Atoyac y las estribaciones que descienden del Iztaccíhuatl y el Popocatépetl.

-Puente Negro: El vaso regulador del Puente Negro es otro punto crítico, y es que “esta obra fue insuficiente desde el principio, no tiene la capacidad para poder desfogar en una precipitación extraordinaria toda el agua que se acumula en un tanque”, sostuvo.

Las lluvias de los últimos días rebasaron ese vaso y el resultado fue el desbordamiento en el 5 de Mayo, donde el nivel del agua superó el medio metro.

Agregó que hay empresas que modelan la precipitación para determinar por dónde escurre el agua y verificar si el flujo se conduce correctamente a la bóveda o a los canales marginales.

El “cártel de las inundaciones”: lucro sobre los ríos

Otro problema son las miles de familias que viven sobre el cauce de los ríos, lo que denominó el “cártel de las inundaciones”, término que no es solo suyo porque días antes el coordinador de gabinete José Luis García Parra ya había denunciado públicamente la existencia de esa estructura.

García Parra fue directo: “Hay un cártel de las inundaciones que se beneficia de la tragedia, son grupos que lucran rellenando barrancas y ríos, que venden terrenos donde no se puede construir y que luego piden al gobierno que les resuelva el problema que ellos mismos crearon”, además señaló que detrás hay intereses políticos y económicos que operan desde hace años con total impunidad.

El sistema de pozos Almecatla 1,2,3 y 4, quedó interconectado al Tanque Desarenador ubicado cerca del Estadio Cuauhtémoc. De este tanque, por gravedad se alimenta el tanque ‘Loreto’ -que fué reconstruido-, y por bombeo se abastece al tanque ubicado en el Centro del Marqués, para así completar el sistema de abasto al Centro Histórico y a otras 25 colonias.

Castillo Montemayor detalla cómo funciona: es una red que lleva décadas operando donde notarios escrituran terrenos que son propiedad federal, ayuntamientos dan permisos para levantar casas en barrancas y autoridades como Conagua o Agua de Puebla miran a otro lado

“Cuando estaba en el SOAPAP llegaban proyectos para construir en zonas federales, les decía que no invirtieran ahí y me mostraban las escrituras firmadas por notarios”, contó a Ventana Pública.

Al Centro Histórico se le instaló una moderna red hidráulica

El negocio del escombro

El mecanismo queda al descubierto en Bulevar Las Carmelitas, cerca de Angelópolis y las Torres del Río Atoyac, donde hay un playón que forma parte del cauce natural, y según Castillo Montemayor gente de Antorcha Campesina lo ha ido rellenando con escombro con permiso de presidentes municipales, mientras los camiones pagan cuota para tirar ahí y cada descarga reduce el espacio del río, por lo que cuando llueve fuerte el agua no tiene por dónde correr.

En el Alseseca pasa lo mismo, donde no son fraccionamientos de lujo sino casas que un notario escrituró pese a estar en zona federal, y “es una mafia, esta gente sin escrúpulos con tal de ganarse unos pesos ha puesto en riesgo la vida de mucha gente”, dijo.

El mapa de las barrancas

El exfuncionario enumera otros puntos críticos como las barrancas de San Antonio, San Diego, Manzanilla, La Roma y La Malintzi, todas fueron invadidas y todas tienen construcciones encima del arroyo y cauces tapados con basura, por lo que las inundaciones son inevitables.

El esquema existe desde los años 60, cuando distintos líderes políticos ayudaron a regularizar terrenos bajo cables de alta tensión o al borde de ríos, y el relleno sanitario y el hotel Mesón del Ángel son prueba de ello, debido a que ambos se levantaron sobre barrancas.
García Parra también alertó: “No podemos seguir permitiendo que se construya donde el agua tiene que correr, cada barranca tapada es una tragedia anunciada”.

Cabe mencionar que actualmente la vigilancia de Conagua es simbólica, ya que la Ley de Aguas Nacionales establece que las zonas federales son inalienables e imprescriptibles pero en los hechos se venden y se construyen, y la falta de inspección permite que los cauces se reduzcan año con año, mientras Agua de Puebla, concesionaria del servicio, detecta invasiones pero no las reporta.

El riesgo seguirá si no hay intervención integral

El especialista advirtió que mientras no se atienda el sistema completo, las inundaciones en el 5 de Mayo se repetirán con mayor intensidad, ya que la infraestructura de hace 30 años ya no es suficiente y las obras recientes no consideraron el impacto aguas abajo en un sistema que ya estaba al límite.

Tanto García Parra como Castillo Montemayor coinciden en que el costo final no lo pagan quienes lucran, sino las familias, ya que “el agua no olvida su cauce, y cuando la precipitación extraordinaria llegue el costo no será en pesos, será en vidas”.

Las inundaciones en Puebla no son un accidente climático, sino el resultado de un colapso sistémico donde se cruzan obras parciales, omisiones institucionales y un modelo de crecimiento que ha invadido los cauces naturales, pues el colector del Centro Histórico, construido en el siglo XIX, ya estaba rebasado antes de cualquier ampliación reciente, y si bien la rehabilitación de 2023 en las calles 10, 12, 14 y 16 Oriente aportó más caudal sin reforzar la salida, el problema de fondo es que todo el sistema descarga en una bóveda antigua que no da abasto, mientras el 5 de Mayo, punto más bajo de la zona, paga las consecuencias.

Era necesario que la bóveda del río de San Francisco funcionara sólo para aguas residuales

A esa falla técnica se suma la pérdida de los canales que desviaban el agua de La Malinche hacia el Atoyac y Alseseca, que hoy están invadidos por urbanización irregular y ya no cumplen su función, por lo que el agua que debía esquivar el primer cuadro termina saturando la bóveda antigua, mientras el vaso regulador del Puente Negro, insuficiente desde su construcción, tampoco tiene capacidad para desfogar precipitaciones extraordinarias y provoca el desbordamiento directo en la zona.

Detrás opera un esquema de corrupción inmobiliaria que lleva décadas, pues notarios escrituran terrenos federales en cauces y barrancas, ayuntamientos otorgan permisos de construcción en zonas de riesgo y la vigilancia de Conagua es meramente simbólica, mientras Agua de Puebla detecta invasiones pero no las reporta, y al mismo tiempo el relleno de cauces se convirtió en negocio, ya que playones del Atoyac y el Alseseca son rellenados con escombro con permiso municipal y cobro de cuota por camión, reduciendo el espacio natural del río.

Todo esto ocurre sobre un crecimiento sin planeación que viene desde los años 60, cuando se regularizaron terrenos bajo cables de alta tensión y al borde de ríos, y barrancas como San Antonio, San Diego, Manzanilla, La Roma y La Malintzi fueron invadidas y hoy tienen construcciones sobre el arroyo.

Como advierte Francisco Castillo Montemayor, exdirector del SOAPAP: “Puebla no se inunda por falta de limpieza, se inunda porque le metieron más agua a un colector viejo y porque las obras que debían desviar el agua de La Malinche ya no existen”, y mientras no haya una intervención integral que ataque la raíz técnica, política y económica del problema, el 5 de Mayo y el resto de la ciudad seguirán bajo el agua, pues el costo, como señaló José Luis García Parra, no será en pesos, será en vidas.

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