Roger Federer vuelve a hacer magia en Nueva York: una noche para la memoria.

agosto 26, 2026

El tiempo podrá avanzar, pero hay leyendas capaces de detenerlo por unos instantes. Roger Federer volvió este 25 de agosto a pisar la pista del Arthur Ashe Stadium y convirtió una exhibición en una celebración del tenis, la nostalgia y el cariño de miles de aficionados.

A sus 45 años, Federer regresó a Flushing Meadows para enfrentar a Andy Roddick, uno de sus grandes rivales y amigos en la época dorada. El duelo, parte del evento “Roger Federer: An Icon Returns to New York”, no tenía puntos en juego, pero sí algo mucho más valioso: volver a escuchar el rugido de Nueva York.
Desde su aparición en la cancha, el público lo recibió con una ovación. Federer respondió con una sonrisa, saludos hacia las tribunas y esa serenidad que lo convirtió en un deportista admirado en todo el mundo.

Y cuando tomó la raqueta, la magia regresó.

Frente a Roddick, Federer desplegó golpes de derecha precisos, cambios de dirección, voleas y movimientos que recordaron al campeón que conquistó cinco US Open consecutivos entre 2004 y 2008. El suizo se impuso 6-3 en el set de exhibición, demostrando que, aunque el tenis profesional quedó atrás, su clase sigue intacta.

Cada punto espectacular provocó gritos y aplausos. La competencia quedó en segundo plano: lo importante era compartir nuevamente una cancha que guarda capítulos inolvidables.
La emoción tuvo un significado especial.

Federer nunca tuvo una despedida formal del US Open, pues su última participación competitiva en Nueva York fue en 2019. Por eso, este regreso representó un abrazo pendiente entre el campeón y una ciudad que siempre lo hizo sentir especial.

Después del singles, la fiesta continuó con Federer formando pareja con John McEnroe para enfrentar a Roddick y Andre Agassi en dobles. Más que una exhibición, fue un encuentro de generaciones y un homenaje a cuatro figuras del tenis.

Federer ha dejado claro que no busca regresar al circuito profesional. Su etapa como competidor terminó, pero noches como esta demuestran que su legado permanece. En Arthur Ashe, con 45 años, volvió a jugar como quien recuerda cómo se hace aquello que ama.

Nueva York volvió a rendirse hoy ante Su Majestad. Federer regaló a los aficionados la sensación de que, por unos minutos, el tiempo no pasó.

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