De la euforia al silencio sepulcral: Puebla vibró y sufrió con la dolorosa eliminación de México

julio 5, 2026

Amud Conde

El fútbol da y quita, y esta vez, nos arrancó el alma en noventa minutos. Puebla se convirtió en un volcán de emociones contenidas, banderas al aire y, al final, lágrimas de frustración tras la dolorosa eliminación de la Selección Mexicana del Mundial.

Desde horas antes del silbatazo inicial, la Angelópolis ya respiraba fútbol. El Zócalo era una marea verde, esto a pesar de que horas antes del partido se soltó un aguacero que provocó varias inundaciones en diferentes puntos de la ciudad.

Al inicio del encuentro, todos los asistentes en el Zócalo y en Plaza Solesta cantaban y echaban porras para alentar a los jugadores, con un México que desde el principio mostró garra y decisión de ir por el marcador.

Incluso en los minutos de hidratación, cuando el termómetro no daba tregua, la vibra no bajaba: las banderas ondeaban con orgullo y las porras retumbaban con un eco de esperanza que hacía vibrar el corazón de la ciudad.

Sin embargo, el rival también juega. Inglaterra amenazó y, con un gol de Bellingham que cayó al minuto 36, hizo que los mexicanos se quedaran silenciados por un instante en el Zócalo de la capital.

El partido se puso cuesta arriba y la tensión se mudó a las pantallas de Plaza Solesta; no obstante, a los dos minutos del primer gol, cayó el segundo tanto de los ingleses, congelando de golpe el ambiente festivo.

Un silencio sepulcral se apoderó del lugar, rostros desencajados, manos en la cabeza y miradas perdidas reflejaban el balde de agua fría que acababa de recibir la afición poblana.

Pero no duró mucho ese semblante, ya que pronto empezaron los “¡Sí se puede!” de las personas. Al minuto 42, antes de que finalizara el primer tiempo, la reacción llegó y el drama alcanzó niveles cardíacos.

El grito de gol volvió a la vida gracias a Julián Quiñones, quien puso el 2-1 y desató la locura en varios puntos de la ciudad angelopolitana, haciendo que el optimismo regresara a los rostros de los miles de asistentes.

Al dar inicio el segundo tiempo, México mostró garra para ir al frente y buscar el gol que le diera el empate, lo que ocasionó que un seleccionado de Inglaterra fuera expulsado tras cometerle una falta grotesca a Gallardo.

Aunque no duraría mucho esa celebración por parte de los de casa, ya que tras una falta dentro del área, Harry Kane puso el tercero y último gol de Inglaterra.

Posteriormente, la locura se trasladó al Fan Fest de Puebla cuando el árbitro señaló el manchón penal en favor de México y con la frialdad que lo caracteriza, Raúl Jiménez cobró desde los once pasos para firmar el 3-2.

En ese instante, los asistentes en el Zócalo estallaron de felicidad; conocidos y desconocidos se abrazaron, las cervezas volaron por los aires y Puebla entera creyó que era posible.

Se acaba el sueño mundialista

Al final, la moneda no cayó de nuestro lado. El silbatazo final decretó el destino de México y el panorama cambió drásticamente en el Fan Fest de Puebla.

Las sonrisas se borraron y las calles poblanas se tiñeron de amargura, caras tristes, miradas clavadas en el suelo y lágrimas contenidas fueron el reflejo de una afición que lo dio todo en las buenas y en las malas, pero que hoy se queda con el corazón roto.

Aunque el panorama fue muy distinto en la Avenida Juárez, donde una decena de aficionados se conglomeraron en la glorieta y algunos celebraban el buen desempeño de la Selección.

Lamentablemente también se tiño de violencia, cuando unos aficionados en estado de ebriedad se agarraron a golpes y posteriormente a uno joven lo golpearon a patadas.

México está fuera del Mundial. Se luchó, se gritó y se sufrió con el alma, pero esta vez, el fútbol nos privó del milagro. Quedará el orgullo de una afición poblana que nunca dejó de alentar.

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