Queridos lectores:
Hoy les digo, casí con lágrimas en los ojos, con nostalgia y un sentimiento encontrado, que el Big Three ha dejado de estar dentro del Top 10 de la ATP. Nunca imaginé que llegaría este momento, pero finalmente llegó. Después de tantos años viendo a Roger, Rafa y Nole dominar las canchas más importantes del mundo, cuesta asimilar que ninguno de ellos forme parte ya de ese grupo de privilegio.
Solo nos queda Novak Djokovic, viviendo sus últimas grandes batallas en el circuito, mientras Roger Federer y Rafael Nadal ya disfrutan de su merecido retiro. El tiempo pasa, incluso para los inmortales del deporte.
Y les comento que hay noticias deportivas que no necesitan una final ni un trofeo para estremecer. A veces basta con mirar una clasificación y descubrir que ciertos nombres, aquellos que parecían eternos, ya no están donde acostumbrábamos encontrarlos. Este 14 de septiembre de 2026, el tenis mundial ofrece una imagen histórica y melancólica: por primera vez desde 2002, Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic han quedado fuera, al mismo tiempo, del Top 10 de la ATP.

Es la confirmación de que una época comienza a despedirse. Durante más de dos décadas, al menos uno de los integrantes del “Big Three” sostuvo su lugar entre los mejores del planeta.
Fueron la referencia, la medida de la excelencia y el rostro del tenis moderno.
Yo tuve la fortuna de ver jugar a los tres. Los vi competir, sufrir, levantarse y regalarnos batallas que parecían no tener final. Los vi escribir capítulos inolvidables en los cuatro grandes torneos: el Abierto de Australia, Roland Garros, Wimbledon y el US Open.
Federer tenía una elegancia. Su manera de jugar transmitía la sensación de que todo era sencillo, aunque detrás existiera una precisión extraordinaria. Verlo en Wimbledon era contemplar una obra de arte.
Nadal era coraje, resistencia y voluntad inquebrantable. En Roland Garros convirtió la arcilla en su reino, pero su grandeza nunca se limitó a París. El español representaba esa lucha que parecía no terminar jamás, esa capacidad de levantarse una y otra vez cuando cualquier otro habría bajado los brazos.
Djokovic llegó para desafiarlo todo. Su fortaleza mental y su capacidad para competir al límite lo llevaron a romper récords y a convertirse en uno de los atletas más dominantes de la historia. Su tenis fue una mezcla de inteligencia, precisión y una determinación que parecía inagotable.
Cuántas de nuestras tardes quedaron asociadas a sus nombres: partidos que parecían perdidos, silencios antes del saque decisivo, celebraciones contenidas y lágrimas después de conquistar o perder una final. Cada uno nos hizo sentir que estábamos frente a algo mucho más grande.
Durante años nos acostumbramos a verlos en las rondas finales, enfrentándose entre sí o esperando al rival que intentaría destronarlos.
Sus duelos en los cuatro Grand Slam fueron batallas inolvidables, llenas de tensión, remontadas y momentos que quedaron grabados en la memoria. No solamente estaba en juego un campeonato: también el orgullo, el legado y la oportunidad de presenciar algo irrepetible. Y por supuesto entre todas estás batallas siempre apoyé a su majestad.
Hoy, Federer y Nadal son parte de la historia, mientras Djokovic, último estandarte activo de aquella generación, ha dejado de aparecer entre los diez primeros. El relevo está en marcha.
Sinner, Alcaraz, Zverev y otros talentos comienzan a construir sus propios relatos. El tenis seguirá produciendo campeones, porque su esencia jamás se detiene.
Pero ninguna generación podrá reemplazar la emoción de haber vivido al mismo tiempo a tres gigantes que elevaron este deporte a una dimensión desconocida. Ellos no solamente ganaron Grand Slam; ampliaron los límites humanos y nos enseñaron que la grandeza puede ser elegante, combativa y perseverante.
El Top 10 cambiará semana tras semana. Los nombres serán distintos, pero para quienes vimos jugar a Federer, Nadal y Djokovic quedará una certeza: fuimos testigos privilegiados de una era irrepetible.
El tenis mira hacia adelante, pero nosotros miramos hacia atrás, con una sonrisa y cierta tristeza, para agradecerles tantas tardes, tantas noches y tantas batallas inolvidables.
Gracias por todo “Big Three”.