El fútbol mexicano frente al espejo: el ascenso y descenso ya están en la cancha del senado.

septiembre 28, 2026

Queridos lectores:

Hay debates que trascienden una cancha porque hablan de oportunidades, reglas y del futuro de una actividad que mueve pasiones, empleos e inversiones. El conversatorio “Fuera de Lugar: ¿Por qué es injusto cancelar el ascenso y el descenso?”, celebrado en el Senado de la República, colocó nuevamente sobre la mesa una discusión que el futbol mexicano arrastra desde 2020: ¿debe el mérito deportivo volver a ser la puerta de entrada a la máxima categoría?

La iniciativa impulsada por el senador Clemente Castañeda, de Movimiento Ciudadano, dio un paso importante. La propuesta para reformar la Ley General de Cultura Física y Deporte busca establecer que, cuando existan dos o más categorías profesionales dentro de una misma estructura competitiva, exista un mecanismo permanente de ascenso y descenso, con el mérito deportivo como criterio principal. La iniciativa, presentada este 23 de septiembre, cuenta con la firma de 10 senadores de distintas bancadas y plantea reglas objetivas, claras, transparentes y públicas. De aprobarse y publicarse, las federaciones tendrían 90 días para adecuar sus reglamentos.

Y aquí aparece un elemento que no puede pasar inadvertido: la discusión no quedó encerrada en una sola fuerza política. Legisladores de distintos grupos parlamentarios expresaron respaldo al debate, mientras el presidente del Senado, Higinio Martínez, habló de recuperar competencia y oportunidades para los futbolistas. El propio Ignacio Mier señaló que la cancelación del ascenso priorizó un modelo económico sobre la competencia deportiva. Son posturas que forman parte de un proceso legislativo que ahora deberá continuar con análisis, discusión y votación.

En medio de ese escenario, David Faitelson tuvo una participación particularmente oportuna. Su intervención puso sobre la mesa el reclamo de empresarios, jugadores y aficionados que, según expuso, recibieron la expectativa de que la suspensión del ascenso sería temporal y después vieron prolongarse el cierre. Faitelson calificó de “gran mentira” aquella promesa y cuestionó que el futbol mexicano haya dejado al aficionado en segundo plano. Más allá del tono duro, su presencia ayudó a llevar al centro de la discusión una pregunta esencial: ¿qué valor tiene competir si el resultado deportivo no abre la posibilidad de subir?

Otro de los testimonios que llamó la atención fue el de Roberto Galán, portero español del Atlético Morelia. Llegó a México con la expectativa de competir por un lugar en Primera División y terminó convertido en una de las voces de la Liga de Expansión que llevaron el reclamo hasta el Senado. Su intervención recordó que detrás de los reglamentos existen futbolistas que entrenan, compiten, buscan contratos y construyen una carrera con la ilusión de llegar a la máxima categoría.

También resulta significativo que representantes de la Liga MX y de la Federación Mexicana de Futbol hayan sido invitados y no acudieran al conversatorio. Su ausencia no resuelve el debate, pero sí deja pendiente escuchar directamente los argumentos de quienes defienden el modelo actual. Para que la discusión sea completa, todas las partes deben exponer públicamente sus razones, especialmente cuando se pretende modificar la legislación.

Desde una mirada estrictamente deportiva, hay algo difícil de ignorar: el ascenso y descenso introducen una consecuencia competitiva directa. Un equipo de una categoría inferior puede aspirar a crecer mediante sus resultados y uno de Primera debe sostener su permanencia en la cancha. Eso genera objetivos concretos para jugadores, entrenadores, directivos y aficiones.

La Liga de Expansión ha demostrado que existen clubes, inversiones, jugadores y aficiones con ambición de crecer. Mantenerlos sin una ruta deportiva hacia arriba limita ese proyecto. Y, al mismo tiempo, una Liga MX sin riesgo de descenso puede reducir la presión competitiva sobre los clubes que atraviesan malas temporadas. La discusión no debe convertirse en una pelea personal contra dirigentes; debe centrarse en el modelo que necesita el futbol mexicano. Desde una mirada estrictamente deportiva, hay algo difícil de ignorar: el ascenso y descenso introducen una consecuencia competitiva directa. Un equipo de una categoría inferior.

Y si, el Senado puede impulsar una reforma legal para hacer obligatorio el ascenso y descenso en el futbol mexicano, pero no puede restablecerlo por sí solo de manera inmediata. La iniciativa deberá ser analizada, discutida y votada por el Congreso; si finalmente se convierte en ley, establecería el marco jurídico que obligaría a las estructuras del futbol profesional a contar nuevamente con mecanismos de ascenso y descenso.

Esperemos y la ley le haga justicia a los dueños, jugadores y aficionados de la llamada “Liga de Expansión

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