Queridos lectores:
Recuerdo cuando era niño y escuché por primera vez aquella voz magistral de Freddie Mercury acompañada por la música de Queen.
De inmediato me enamoré de ese grupo. Había algo diferente, algo especial en esa combinación de instrumentos, melodías y, sobre todo, en aquella voz que parecía no tener límites.
Freddie Mercury nació el 5 de septiembre de 1946 en Stone Town, Zanzíbar, hoy parte de Tanzania. Su nombre de nacimiento era Farrokh Bulsara, hijo de Bomi y Jer Bulsara.
Para mí, todo comenzó con “Killer Queen”, una canción llena de ritmo, elegancia y un extraordinario juego vocal. Desde aquel momento me convertí en fan de Queen y continué escuchando su música durante los siguientes años de mi vida.
Después llegaron canciones como “Bohemian Rhapsody”, una verdadera obra maestra que rompió las reglas de la industria musical al combinar rock, balada y elementos de opera. Su estructura innovadora la convirtió en una de las canciones más importantes e influyentes de la historia de la música.

Y qué decir de “Somebody to Love”, “Don’t Stop Me Now”, “Play the Game” y tantas otras composiciones que hicieron de Queen una de las bandas más grandes de todos los tiempos, al lado de nombres legendarios como The Beatles, Led Zeppelin y The Doors.
Así pasaron muchos años de mi vida escuchando a este sensacional grupo, que poco a poco se volvió esencial para mí. La música de Queen no era simplemente música: cada canción transmitía una emoción diferente y la voz de Freddie tenía esa capacidad de motivarte, de hacerte sentir que podías enfrentarte al mundo y convertir tu vida en algo mucho mejor.
Uno de los momentos más extraordinarios de su carrera llegó cuando Freddie Mercury unió su voz con la de la legendaria soprano Montserrat Caballé. Mercury admiraba profundamente a Caballé y ambos terminaron construyendo una colaboración histórica que tuvo como resultado el álbum Barcelona, publicado en 1988. La canción que dio nombre al disco se convirtió posteriormente en uno de los símbolos musicales de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992.
También está la historia de Mary Austin, una de las personas más importantes en la vida de Freddie. Y posteriormente Jim Hutton, quien permaneció a su lado durante sus últimos años y lo acompañó hasta el final. Hay aspectos de la vida privada de Freddie que pertenecen únicamente a él y a quienes compartieron su camino; por eso prefiero quedarme con lo que realmente importa para esta columna: el ser humano y el artista que dejó una huella imborrable.

Entonces llegó aquel 24 de noviembre de 1991.
Yo tenía 15 años y me encontraba en la casa de mi mamá cuando se dio a conocer la noticia que nadie quería escuchar: Freddie Mercury había muerto a consecuencia de una bronconeumonía provocada por complicaciones relacionadas con el VIH/SIDA.
Fue un golpe muy duro. Freddie ya se había convertido en uno de mis grandes ídolos, al igual que Queen y sus extraordinarios músicos: Brian May, John Deacon y Roger Taylor.
Recuerdo que ese día estaba con mi hermana y comencé a llorar. Fue tanta la tristeza que ese mismo día fui a la iglesia y encendí una vela por su eterno descanso.
Después de aquel día, algo cambió.
Queen ya no volvió a ser lo mismo. Faltaba aquella voz, aquella personalidad, aquella locura y esa manera irreverente de dominar un escenario. Freddie poseía un registro vocal extraordinario y una capacidad interpretativa que lo convirtió, para millones de personas, en una de las voces más importantes de la historia del rock.
Sin embargo, yo continué escuchando Queen. Seguí descubriendo su música y, con el paso de los años, terminé escuchando todos sus álbumes. Si alguien todavía no conoce su discografía, estos son los grandes capítulos de la historia de la banda:
• Queen (1973)
• Queen II (1974)
• Sheer Heart Attack (1974)
• A Night at the Opera (1975), que incluye “Bohemian Rhapsody”
• A Day at the Races (1976)
• News of the World (1977)
• Jazz (1978)
• The Game (1980)
• Flash Gordon (1980), banda sonora
• Hot Space (1982)
• The Works (1984)
• A Kind of Magic (1986)
• The Miracle (1989)
• Innuendo (1991)
• Made in Heaven (1995), publicado de manera póstuma
Durante algún momento llegué a pensar que George Michael podría haber sido una especie de sucesor de Freddie Mercury al frente de Queen. Su voz era extraordinaria y su admiración por Freddie era enorme. Sin embargo, con el paso del tiempo quedó claro que aquella idea nunca fue una realidad. George Michael jamás intentó ser Freddie Mercury, porque probablemente entendía lo que nosotros, los fanáticos, también sabemos: una voz como la de Freddie simplemente no se puede reemplazar.
George Michael tuvo, además, una participación memorable en el Concierto Tributo a Freddie Mercury de 1992, en Wembley, donde interpretó junto a Queen. Aquel momento quedó para la historia y demostró la profunda admiración que sentía por quien había sido uno de sus grandes referentes.
Por eso, queridos lectores, esta columna es un pequeño homenaje a Freddie Mercury.
El 5 de septiembre de 2026, Freddie habría cumplido 80 años.
Pero ya no está físicamente con nosotros. Y, sin embargo, hay personas que nunca se van completamente. Freddie vive en sus canciones, en sus conciertos, en las nuevas generaciones que descubren su música y en todos aquellos que llevamos décadas escuchando a Queen.
Si nunca han escuchado a Queen, háganlo. Denle una oportunidad a Freddie Mercury de conquistar sus oídos. Y si ya lo han escuchado, vuelvan a hacerlo. Porque su música pertenece a otra dimensión y tiene algo maravilloso: no envejece y nunca aburre.
Freddie acostumbraba cerrar los conciertos de Queen con “God Save the Queen”, el himno nacional británico, mientras aparecía con su corona y su capa. Era la imagen perfecta de quien había entendido que un escenario podía convertirse en un reino y que él había nacido para gobernarlo.
Y sí, queridos lectores, Freddie Mercury fue un rey.
El rey de un escenario.
El rey de una voz irrepetible.
El rey de millones de corazones.
Hoy, en el día de su cumpleaños número 80, solo puedo decir:
Hasta siempre, Freddie.
Te mando un abrazo de cumpleaños hasta el cielo, o hasta donde quiera que te encuentres.
Gracias por tu música, por tu voz y por tantos recuerdos.
¡Viva Queen!