Juan Manuel Martínez
Ubicada en la Inglaterra victoriana y respaldada por una documentación muy minuciosa, “El hombre que perseguía al tiempo”, es una novela escrita de forma espléndida, con tintes góticos, sobrenaturales y misteriosos.
El libro comienza cuando el protagonista, a las puertas de la muerte, recuerda a sus seres queridos y aquel hecho de su infancia que marcó su vida para siempre.
William Bellman, un niño de diez años, juega con sus amigos y se convierte en el héroe de la tarde al conseguir golpear a un cuervo con una piedra a larga distancia, algo que todos consideraban imposible.
Los cambios que sufre su personalidad a lo largo de las páginas no dejan de sorprender al lector. Estos cambios están impregnados de un constante halo de confusión y desconcierto que hará que más de una vez nos preguntemos hacia dónde quiere llevarnos la autora.
Lo sobrenatural, como el hombre de negro que aparece cuando alguien fallece; el aire gótico que se respira tras las puertas de la fábrica; el misterioso pacto que recuerda a la leyenda clásica de Fausto, y varios hechos que ni siquiera al concluir la lectura terminan de comprenderse, no hacen sino causar estupor en el lector. Sin embargo, son incógnitas tan estimulantes que invitan a seguir leyendo.
Es un libro con una trama un tanto extraña, rodeada de simbolismos, misterios y confusión. Sin embargo, es precisamente esa atmósfera la que hace que su lectura resulte satisfactoria y recomendable.
«Porque hay un final inevitable; lo que cambia es el camino».