Irina Díaz
Tras 60 años en operación la firma estadounidense Stanley Black & Decker cerró de forma definitiva su planta manufacturera en Puebla este jueves. La decisión tomó por sorpresa a entre 500 y 600 trabajadores que llegaron a su turno matutino y encontraron la notificación de cese inmediato.
Los empleados fueron citados a las 7:00 de la mañana en la sala de juntas, donde directivos les informaron que serían liquidados este mismo día. Del total, 530 son obreros sindicalizados afiliados a la CROM y 70 personal de confianza y administrativo. “No hubo aviso previo. Nos agarró desprevenidos”, relató José Artemio, obrero con 30 años de antigüedad. “Sí siente uno feo por la antigüedad que ya tenía. Ahora debo buscar empleo en otro lado”.
La empresa procedió a la firma de convenios de terminación laboral en las oficinas de recursos humanos. Trabajadores confirmaron que fueron liquidados al 100% conforme a la ley. Mientras esperaban en los patios de la planta, solo se les dio un refrigerio básico. El líder sindical Carlos Contreras, de la CROM, estuvo presente en el anuncio pero no intervino ni dio detalles sobre el alcance del cierre. “Ahí estaba, pero igual no se sabía nada”, dijo un empleado.
Ubicada en la lateral de la autopista México-Puebla, a la altura de la 27 Norte junto a la Harinera de Oriente, la factoría operó cerca de 60 años en la capital. Fabricaba pinzas, martillos, barretas y utensilios mecánicos.
El cierre venía gestándose por meses: baja sostenida en manufactura, eliminación gradual de líneas operativas y recortes recurrentes durante el primer semestre de 2026. A la crisis productiva se sumaron presiones financieras por créditos fiscales y multas millonarias del SAT. Las auditorías federales precipitaron el desmantelamiento antes de que concluyera el semestre.

Hasta ahora, los 600 despedidos desconocen si la planta cerrará definitivamente, si habrá cambio de razón social o reestructuración con nueva plantilla.
La empresa no dio razones oficiales del despido ni explicó el futuro de la instalación. El cierre deja a decenas de familias poblanas sin ingreso inmediato y abre dudas sobre el impacto en el mercado laboral y la cadena de producción de herramientas en la región.


