Resident Evil: Noche Cero debuta con una cifra récord de 60 millones de dólares en la taquilla

septiembre 20, 2026
La nueva reinvención cinematográfica de la emblemática franquicia de supervivencia, Resident Evil: Noche Cero (dirigida por Zach Cregger), se ha adueñado del primer puesto en la taquilla global y nacional durante su primer fin de semana de estreno, logrando recaudar la impresionante cifra de 60 millones de dólares. Este lanzamiento marca un hito comercial y de crítica para las adaptaciones de la saga de videojuegos de Capcom, posicionándose con fuerza entre los fanáticos del cine de horror.

Hay franquicias que parecen condenadas a repetir la misma fórmula hasta que dejan de tener algo que decir. Resident Evil, después de varias adaptaciones cinematográficas que privilegiaron la acción sobre el terror, necesitaba precisamente lo contrario: volver a tener miedo. Resident Evil: Noche Cero, dirigida por Zach Cregger, entiende esa necesidad y apuesta por regresar a la esencia del survival horror: un personaje común, una situación que se sale de control y la sensación permanente de que escapar quizá nunca será suficiente.

La historia sigue a Bryan, un joven mensajero médico que recibe un encargo aparentemente sencillo: llevar una hielera con suministros al Hospital General de Raccoon City. El problema comienza cuando, mientras discute por teléfono con su novia Michelle, quien acaba de confesarle que está embarazada, pierde la concentración y atropella accidentalmente a una mujer. Lo que parece un accidente termina convirtiéndose en la puerta de entrada a una pesadilla.

Buscando ayuda en una granja cercana, Bryan descubre que sus habitantes han sido infectados y se enfrenta a un perro mutado. Pero lo verdaderamente perturbador llega después, cuando los cadáveres comienzan a fusionarse mediante tentáculos. Bryan es rescatado momentáneamente por empleados de Umbrella, quienes le revelan que aquello que transporta es mucho más importante de lo que imaginaba: contiene un componente necesario para desarrollar una cura contra el brote que está consumiendo Raccoon City.

A partir de ahí, la película se convierte en una carrera desesperada hacia el hospital. Bryan atraviesa calles destruidas, alcantarillas y corredores infestados, encontrándose con criaturas cada vez más grotescas. Entre ellas aparece una masa humanoide y una de las secuencias más incómodas de la película: una sala de maternidad convertida en un nido de criaturas infectadas.

Y aquí llega el spoiler que cambia completamente el sentido de la historia: Bryan ya está infectado. La mordida que recibió durante su recorrido ha avanzado demasiado cuando finalmente consigue llegar al hospital. Mientras los científicos trabajan para producir el antídoto, el protagonista comienza a transformarse.

El giro funciona porque Bryan no es el típico héroe de acción que llega a Raccoon City armado hasta los dientes. Es un tipo común que simplemente estaba intentando entregar una hielera. Su misión termina siendo mucho más grande que él y, paradójicamente, conseguir la cura no significa que pueda salvarse a sí mismo.

El desenlace es particularmente cruel. Los científicos consiguen desarrollar el antídoto y solicitan apoyo de la Guardia Nacional, pero Bryan pierde completamente el control. Convertido en una criatura monstruosa, ataca al personal del laboratorio. En medio del enfrentamiento, un investigador intenta inyectarle la cura, pero la jeringa cae al vacío antes de poder utilizarla.

La película termina con Bryan completamente transformado, rugiendo mientras los helicópteros de la Guardia Nacional iluminan al monstruo con sus reflectores. No hay una victoria heroica. No hay salvación para el protagonista. Solo queda la imagen de Raccoon City enfrentándose a otra criatura nacida del desastre.

Y ahí está probablemente el mayor acierto de Noche Cero: entender que Resident Evil funciona mejor cuando el horror no depende únicamente de tener monstruos, sino de la sensación de estar atrapado en un mundo que ya perdió el control.

Zach Cregger evita convertir la película en otra entrega genérica de acción y recupera algo que las adaptaciones anteriores habían dejado de lado: la vulnerabilidad. Los efectos prácticos, los espacios claustrofóbicos y la velocidad con la que la situación se deteriora hacen que la película tenga una energía particularmente incómoda. No se trata de ver a un personaje derrotar monstruos uno tras otro, sino de acompañarlo mientras intenta sobrevivir a algo que evidentemente lo supera.

Resident Evil: Noche Cero entiende que el miedo funciona mejor cuando el espectador siente que no existe una salida. Y aunque el final deja una puerta abierta para continuar expandiendo este universo, lo importante es que esta vez la franquicia parece haber recordado algo fundamental: antes que una saga de acción, Resident Evil siempre fue una historia sobre sobrevivir al horror.

Si quieres, para las siguientes también puedo hacer que la reseña tenga un poquito más de “columna”: más sarcasmo, más personalidad y una postura más marcada sobre si realmente vale la pena verla.

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